Nos hallábamos ya todos en la superficie, a salvo de los innumerables grimlocks. Aerten dijo que la cabaña de su amiga Anoyt, una druida, se hallaba cerca del sitio dónde estábamos, así que fuimos para allá, con la esperanza de descansar, que Torc se recuperara de sus heridas y hablar con los enanos.
Anoyt era una mujer austera, pero simpática, que nos acogió bién desde el principio (incluso a Torc, que siempre causa reticencias iniciales debido a su raza). Le pusimos al día de lo que había pasado en Doncastle, y pudimos hablar también con Thard, que nos contó que había sido enviado desde el subsuelo, junto con un grupo de enanos que habían perecido en el duro camino a la superficie, para encontrar a un enano que hacía varios años había salido a la superficie y no había vuelto. Al parecer su búsqueda iba a ser larga, pues no tenían ninguna pista de dónde podría estar ese enano.
Por otro lado, Anoyt preparó infusiones curativas para Torc, y el ambiente se volvió más distendido, ya que sacó hidromiel y nos la ofreció, a lo que Thard nos contó que era destilador y también traía consigo aguardiente enano. Pasamos un día entero en la cabaña. Anoyt se fué, pero nos dejó descansar. Durante el día, las chicas salieron a dar una vuelta y hacer flechas,y entre conversaciones con Thard, se nos ocurrió ir a buscar miel para hacer hidromiel, ya que Anoyt se prestó a decirle la receta a Thard. Para ello, Aerten nos enseñó que con humo se puede espantar a las abejas para recoger su preciado tesoro. También nos bañamos en las aguas de un lago que había cerca de la casa de la druida, unas aguas reparadoras.
Decidimos volver a Doncastle para terminar de investigar. Vimos un molino semiderrumbado, con una trampilla bajo un pilar apunto de derrumbarse, inaccesible en principio. Pero somos tercos, y tiramos del pilar con una cuerda, provocando que se cayera. Después de apartarlo, pudimos tener acceso a la trampilla, pero no se podía abrir, ya que estaba encajada. La fuerza de Torc permitió adentrarnos en la trampilla, que resultó que no tenía nada interesante.
Andando, vimos un cartel de la posada dónde tuvimos la pelea con los grimlocks, que descubrimos que se llamaba “El roble negro”. Para seguir investigando, nos separamos en dos grupos: Gwyneth y el enano ballestero por el oeste, y los demás por el norte. El grupo del oeste encuentra una capilla, que parece que fue saqueada ya por alguién. No supieron averiguar la deidad a la que estaba dedicada la capilla, y dentro no encontraron nada de interés, a excepción de una flauta, que Gwyneth me dió. En el norte encontramos unas empalizadas, y más adelante un jardín, con plantas exóticas que ni siquiera eran de esta isla, mezcladas con plantas autóctonas. En el jardín también había una casa en perfecto estado, muy grande y acogedora. Gwyneth nos llamó con un silbido, y fuimos a encontrarnos con ella. Una vez el grupo junto, y ya de vuelta a la casa del jardín, volvimos a escuchar los alaridos del primer día que visitamos Doncastle. Esta vez estaban muy cerca nuestro y parece que eramos las presas de las bestias que emitían tan aterrador sonido.
Nos replegamos alrededor de una roca, esperando a las bestias, que estaban muy cerca ya para ir a la casa del jardin a combatir con ellas. Se acercaron dos, que frenaron su paso a una distancia prudencial del grupo. Eran bestias felinas, de un extraño pelaje. Pero sin duda alguna, lo que las caracterizaba más era lo que se dispusieron a hacer en aquel momento… una de ellas profirió su grito, acompañándo el aterrador sonido con un literal desgarro de la carne de sus caras, que dejó al descubierto los músculos de ésta. Todo el grupo se quedó conmocionado ante tan macabro espectáculo, pero nos armamos de valor y mantuvimos nuestra posición, excepto el enano ballestero, que salió corriendo presa del pánico. Thard fue trás él, intentando que no se alejara demasiado del grupo. Mientrás, Torc cargó contra uno de ellos, y los demás disparamos nuestros arcos. Los felinos atacaban tanto con garras como con mordiscos, pero Torc aguantó bastante bien sus ataques, mientras usaba sus dos armas para dejar a la bestia muerta en poco tiempo. Yo dormí a la otra bestia, y el lobo de Aerten se avalanzó a la yugular e hizo el resto del trabajo. Pero parecía que Thard y su amigo estaban en peligro, ya que oimos sus gritos. Fuimos para allí y nos encontramos con que Thard se había enajenado y corría gritando, con una criatura persiguiéndole, mientrás el otro enano se defendía de otras dos. Torc fue a la ayuda del enano en apuros, con Gwyneth y Aerten, mientras yo disparaba a la que perseguía a Thard, para ver si lo dejaba tranquilo, pero ella siguió ensañándose con Thard, que estaba magullado por todas partes. Intenté dormirla, pero no tuve éxito, y Aerten me ayudó con su lobo, con tan mala suerte que un disparo suyo se clavó en mí. Thard estava a punto de morir, y Aerten y el lobo finalmente se encargaron del felino, mientras que los otros tres ya estaban apunto de matar a la única bestia que quedaba en su combate. Terminaron con ella, y yo fui a Thard, que estaba en el suelo inconsciente y sangrando por todas partes, y le tapé las heridas para que dejaran de emanar sangre.
La situación se había puesto bastante fea, no podíamos volver a la cabaña de Anoyt, con Thard en tan mal estado. Decidimos ir a la casa del jardín a pasar la noche, pero primero Torc y Aerten se fueron a llevar a las bestias a la posada, para despistar a los nocturnos grimlocks, y de paso quitaron el olor de sus cuerpos. El enano, Gwyneth y yo llevamos en una manta a Thard a la casa. La casa era lujosa y se mantenía en muy buen estado, como he indicado antes; tenía forma de L y cerca suyo había un pequeño estanque, con una mancha seca de sangre. Dentro, la casa se dividía en tres salas: una por cada lado de la L y otra en la esquina de la L. En uno de los laterales había un comendor, con una mesa y platos encima de ellas, unos cuantos sacos y una chimenea en la esquina. En la esquina había una habitación lujosa, con una cama muy buena, un armario y estaterías llenas de libros! Recogí agua del estanque para Thard, mientras Gwyneth investigaba un poco, y pusimos a Thard en la cama. La otra habitación parecía un laboratorio, con estanterias repletas de libros, una mesa y un cofre, pero unas plantas habitaban toda la sala, convirtiéndola en una jungla. Gwyneth entró por una de las ventanas, y el otro enano por la habitación. Cuando Gwyneth se adentró un poco, sintió que algo se movía y salió corriendo de allí, a lo que el enano cerró la puerta. Por mi parte yo revisaba libros en busca de algo interesante, y encontré uno de historia, que parecía contener linajes de reyes de las Moonshaes. Lo guardé.
Torc y Aerten regresaron a la casa. Torc se dispuso a tapiar las ventanas con el suelo de la casa, que estaba hecho de tablones de madera. Yo me fui a bañar al estanque junto a la casa, pero sucedió algo terrible. Curioso por la mancha seca, investigué un poco el estanque, y pronto tuve una visión estremecedora de una dama rubia en el centro, que me miraba con ojos vacíos… no recuerdo que pasó después, ya que cuando me encontraron estaba en una de las orillas del estanque, inconsciente. Salí a rastras del estanque y me metí en la casa, asustado y conmovido. Intenté describir lo que pasó, pero los demás no vieron nada extraño en el estanque. Pasamos la noche en la casa. Me desperté varias veces sudando, habiéndo tenido horribles pesadillas. En una de ellas aparecía un hombre en el estanque, y de repente su cuello manaba sangre, de un corte que aparecía de la nada. En otra, la pareja estaba también en el estanque, pero esta vez era a la mujer a la que, de repente y sin motivo aparente, le aparecía una brecha en el corazón, dejando el agua de color carmesí.
Al día siguiente estaba cansado y ojeroso, y no paraba de pensar en la pareja del estanque. ¿Acaso querían dejarme un mensaje? ¿Acaso vagaban por la esfera terrenal sin poder abandonarla en paz? ¿En qué extrañas circunstancias había muerto esa pareja? Tenía pánico, pero también curiosidad. Les conté a mis compañeros mis sueños, y decidimos investigar un poco la casa. El armario tenía ropas para una pareja, y la imagen de la mujer volvió a mi mente. En la cama había un pequeño mecanismo que dejaba la pata hueca, y dentro había un fardo de monedas. No conseguimos encontrar nada, así que hubo un debate acerca de si debíamos quedarnos e investigar el laboratorio silvestre o irnos. Las chicas no tenían ningún interés en la historia, Torc y yo sí, y Thard nos ayudaría, pero tampoco era su prioridad quedarse. Después de una larga discusión, y para que nos calláramos Torc y yo, accedieron a aydarnos. El ballestero se plantó en una ventana; Gwyneth y yo en otra, más cercana al cofre; Torc se ató una cuerda a la cintura y el resto del grupo la cogía desde la habitación, por si tenían que tirar de él. Con una antorcha en la mano y la espada en la otra, fue avanzando a pequeños pasos, acercando la antorcha a las plantas, por si notaba movimiento. Al poco, una de las enredaderas se apartó del fuego y disparó sus zarcillos a Torc. La ballesta del enano disparaba, Gwyneth saltaba a la mesa del laboratorio desde la otra ventana, y los otros nos manteníamos espectantes. La planta era muy dura, y Torc conseguía a duras penas herirla. Por un instante, divisó lo que podría ser el tronco del ser. Mientras la planta luchaba con Torc, Gwyneth fué a por el cofre, y en poco tiempo lo subió a la mesa, para luego arrastarlo hacía la ventana. Thard estaba dentro ayudando a Torc, que estaba en apuros. Salimos de allí, viéndo que la planta era demasiado dura para matarla. ¡Habíamos conseguido el cofre! Lástima que no pudiéramos abrirlo.