Decidimos dejar el aterrador Doncastle e ir a Horsa, ciudad natal de Aerten. Allí descansaríamos, descubriríamos el contenido del cofre y Thard podría preguntar por su amigo.
Intentamos llegar antes del anochecer, yendo por el camino de la orilla del río, y eso supuso demasiado cansancio para mí. Antes de llegar a Horsa Aerten conocía un refugio que utilizaba a menudo, así que fué el lugar perfecto para dormir.
Al día siguiente llegamos a Horsa, dónde Aerten nos llevó a la posada y nos presentó a los lugareños. En la posada las miradas se posaban en Torc, nerviosas, pero Aerten calmó los ánimos y las dudas se desvanecieron. Aerten y Gwyneth fueron a visitar a los padres de Aerten, mientras nosotros pasábamos un buen rato en la posada. En la casa, descubrieron que los padres de Aerten conocían a los de Gwyneth, por haber combatido juntos en la Gran Guerra, y trágicamente por haberla visto fallecer en combate. En la taberna, ya oscureciendo, cenamos en grandes cantidades, y el ambiente se fue tornando alegre. Me dispuse a cantar, y tuve una buena audiéncia, lo cual me puso muy contento. Al final, todos se fueron yendo a la cama, menos Galron (el famoso enano ballestero) y yo, que continuamos bebiendo hasta que mi frágil estomago dijo basta y él tuvo que llevarme a la habitación, en un estado no mucho menos ebrio. La noche no fue nada buena para mí, aun sin tener pesadillas, ya que Galron roncaba como un jabalí herido, y yo estaba muy borracho.
Al día siguiente me encontraba fatal, presa de mis excesos cometidos la noche anterior. Pagué la estancia y la comida de todos, por lo que Gwyneth me prometió enseñarme llewyr. Era hora de ir a la herrería, a ver que contenía el cofre. Por el camino nos topamos con una bellísima chica, de cara un poco triste y gris, pero de esas facciones que desprenden el aroma con el que se crean los más bellos poemas, y que conocía a Aerten. Le dije que me encantaria volver a ver su bello rostro y ella pareció iluminar su cara durante un breve instante, luego se alejó sin más. El contenido del cofre era el siguiente: 2 pequeñas redomas gemelas, con una etiqueta que luego supe que ponía 4ª mezcla, otra redoma cuyo contenido parecía un brebaje que dejaba la piel igual de dura que la de un grimlock, un portapergaminos con varios dentro y un collar del que colgaba una placa redonda, con el dibujo de un toro en ella, y 123 monedas de oro (revisar contenido, que lo he puesto de memoria). Les dimos a los hermanos herreros 5 monedas de oro por abrirlo, ya que su contenido era espectacular. Luego aprovechamos que estábamos en una herrería y teníamos dinero, para equiparnos mejor. Torc compró una espada corta; Aerten puntas de flecha; Gwyneth una espada larga llewyr, menos pesada de lo normal, pero igual de mortífera y yo otra espada corta.
Después, Thard quiso ver al ‘sacerdote’ de un dios del mar extranjero, que vive en un islote rodeado de un pequeño lago, en la misma Horsa. Fuimos para allí y nos encontramos con unas mujeres haciendo la colada… entre ellas estaba la preciosa muchacha que vimos de camino a la herrería! Un chiquillo vino corriendo hacia nosotros, diciendo que había un mercader interesado en vernos, que estaría en la posada esperandonos a comer. Thard y yo fuimos al islote, y los demás decidieron ir a la taberna, no sin antes Aerten dirigirse a la bella X, y decirle que esa noche se pasara a verme cantar por la taberna, lo cual le estoy eternamente agradecido.
En el islote se hallaba un hombre con ropa de la más dudosa calidad, más bien harapiento y desaliñado, con sus pies metidos en el agua y mirando al infinito. Thard se acercó desilusionado al hombre, que hizo caso omiso de nosotros. Thard alzó más la voz para que saliera de su trance y lo consiguió. El hombre nos miró a los dos, escudriñándonos. su nombre era Owen, y su diosa Eldaz. Parece que vió en mí algo perturbador, ya que enseguida, con gesto humilde y amistoso, me pregunto qué era lo que no me dejaba descansar. Le expliqué lo que pasó en la casa del jardin de Doncastle y me dió información de su dueño, que era Anowyn, el hechicero de Doncastle. Al parecer murió, junto a su esposa, en el estanque en el que me bañé, un día antes de la batalla de Doncastle, en extrañas circunstáncias. Lo más probable era que los asaltantes quisieran tener menos resistencia en su asedio a la ciudad, ya que el parroco de la capilla que también visitamos murió el mismo día. No sé que hizo Owen, pero me encontré bastante mejor después de hablar con él. Thard no consiguió información de su amigo desaparecido.
En la taberna, el grupo habló con el comerciante, cuyo nombre es Talen?. Es de la capital, Kaer Kalidir, y está buscando un bardo para su boda, que se celebra de aquí a 3 lunas. Parece adinerado y puede disponer de bardos famosos, pero le gusta dar oportunidades a los que aun no tienen una fama merecida. Su casa se halla entre los muelles y la casa mercantil. La boda se celebrará en Anoir, 2 noches después de que Selune esté menguante. Cuando los enanos y yo llegamos a la posada, se nos pone al corriente de la noticia, y yo acepto encantado el trabajo. Esa misma noche, ante mucha más multitud que el día anterior, me dispongo a cantar de nuevo, ante Talen? y la bella X, entre otros. Mis nervios se dispararon, pero al poco de cantar ‘La balada del bardo dormido’ y ver que al público le gustaba, me tranquilicé. Luego canté la canción que le compuso un bardo al rey de X, por su blabla (informarme bién, con la hoja del personaje) y unas cuantas canciones más. Fue el día más excitante de mi vida, hasta la fecha. La adrenalina, el público, mis amigos… todo fue perfecto, como un sueño.