Los enanos son gente que anima a beber. Esa noche no tenía pensado excederme con el alcohol, pero así lo hice finalmente. Unas palabras aduladoras, o que pusieran en duda mi hombría, bastaron para que, una noche más, bebiera más de la cuenta. El triunfo de la noche lo valía.
Ya por la mañana, Aerten me despertó para ir a casa del amigo del padre de la joven Briga. El motivo era que el padre y el fueron los que emprendieron un viaje rutinario de negocios a la isla de I, y allí fue donde enfermó el padre de Briga. Era muy dificil sacar información adicional de la enfermedad, pero no perdíamos nada probando. Lo único que nos contó era cómo la enfermedad le drenaba energía cada día que pasaba al padre; pero no pudo, por mucho que había pensado una y otra vez en el asunto, saber cuando contrajo exactamente la enfermedad. Habían visitado todo tipo de sacerdotes y probado muchos tipos de hierbas y otras posibilidades. Al final, lo único que le mantenía relativamente bien era un remedio que el amigo compraba en la propia isla, cuando iba por viaje de negocios.
Después de las depedidas, volvimos a mi pueblo natal, Hyckorydale. Faltaba demasiado poco para el ritual de Conagin y debiamos cerciorarnos de que todo iba bien y ayudar en lo posible. El camino transcurrió sin problema alguno, exceptuando que llovió y por la noche el enano ballestero y yo lo pasamos bastante mal, sobretodo yo. El exceso de alcohol, el cambio de temperatura y la exposición prolongada a la lluvia me propinaron un constipado febril. Esa noche no pude descansar, atormentado por las pesadillas con la mujer de Doncastle y la fiebre.
En Hyckorydale había bastante movimiento. La gente se preparaba para el ritual. El sacerdote Kolm, mi maestro y mentor de la escritura y algunas historias, fue una de las primeras personas que vi, y me dijo ilusionado que su iglesia había sido renovada por fin, que los preparativos habían finalizado y que daría un discurso al día siquiente. Prometí asistir.
Mientras, en la taberna, nos encontramos a viejos conocidos, entre ellos Snaghtanas amigos de Torc, y el bardo que me enseñó el oficio y la magia. Le conté por encima lo que habíamos encontrado en Doncastle, y decidimos que me pasaría por su casa al día siguiente para identificar los objetos de los que no sabía su poder. Torc, por su parte, se instruyó en el oficio de Snaghtana, hablando con ellos y aprendiendo más cosas. Los enanos buscaron objetos para hacer una destiladora casera, ya que Thard estaba totalmente emocionado en tener una en ‘casa’. Lamentablemente no encontraron nada útil. Gwyneth estuvo un poco ausente esos días. Se fue de la taberna sin decir qué iba a hacer.
La ceremonia de apertura de la iglesia fue conmovedora. Kolm recitó unas palabras que apoyaban claramente a la convivencia de creencias en varios dioses, al respeto a la Madre Tierra y al conocimiento y sabiduria. Después de aquello, quiso santiguar a los voluntarios. Bastante gente había acudido, movidos más por la curiosidad que por otra cosa. El ambiente en ese momento era un poco tenso, así que rompí el hielo presentándome voluntario para la bendición. Thard me siguió, y entonces alguna gente del pueblo se animó también. El templo había sido construido de una forma curiosa, y a pesar de ser un templo, tenía muchas cristaleras, para acercarse más a la Madre Tierra, que no posee templos o cuyo templo es la propia tierra, al aire libre. Kolm quedó muy satisfecho con su trabajo. Le felicité por todo lo que había hecho.
La tranquilidad duró poco, ya que fuimos avisados de que el ritual estaba siendo interrumpido por un foco de no-muertos, a poca distancia del Kromleck donde se iba a realizar el ritual. Gwyneth presentó de nuevo a su amigo druida, Cura, con el que la habíamos visto por primera vez, cuando volvimos a Hyckorydale con el comerciante norteño. Cura formaba parte de los druidas dispuestos a acabar con el mal que Conagin estaba haciendo. Por la mañana, temprano, todos fuimos a ver qué ocurría, no sin antes pasarme a ver al bardo y dar buena cuenta de los objetos que no sabíamos:
- Pergaminos de nivel 0: Luces danzantes, prestidigitación, leer magia, atontar, leer magia, detectar veneno
- Pergaminos de nivel 1: Sirviente invisible
- Pergaminos de nivel 2: Flecha ácida de Melf
El anillo encontrado en Doncastle resultó ser un Escudo Mental. Lo más valioso sin duda alguna fue el colgante hallado en la casa del hechicero, que daba la constitución del animal tallado en el: la de un toro! (+2 Cons). Tras una breve discusión, me lo cedieron a mi!
Una vez en el Kromleck, nos explicaron dónde se encontraba el foco de los no-muertos, y dieron a Cura un cayado para apagar el mal de Conagin en el corazón del foco. En la zona, un pequeño valle se alzaba ante nosotros. En él, dos árboles sin vida y una gran roca donde antaño Conagin realizaba malvados rituales. La atmosfera era asfixiante, cargada de mal, oscura, carente de vida, llena de odio. En cuanto pisamos aquel terreno, un hedor familiar emanó de la tierra, y los no-muertos se alzaron de la tierra para impedir nuestro cometido. Esqueletos y zombis salían de la tierra por doquier. En poco tiempo el valle se convirtió en un erial de batalla. Probé mi espada corta durante aquel combate. Pero antes canté para animar a mis amigos durante la batalla, hasta que tuve tantos enemigos cerca que tuve que dejar de hacerlo. Cura hizo que la maleza atrapara a unos cuantos enemigos, y luego se dispuso a ir corriendo a la piedra, que manaba sangre oscura. Los demás combatíamos con los no-muertos con bastante presteza, y a pesar de su gran número, conseguimos liquidarlos con relativa facilidad. El problema era que no paraban de salir más y más. Los esqueletos constituían un peligro mayor, ya que ningun arma de filo les hacía un daño serio. Durante interminables minutos, luchamos con todas nuestras fuerzas para acabar con aquellos seres. Llegó un momento en el cual ya no salían más no-muertos del suelo. Cura avanzó con forma de felino hacia la piedra y llegó hasta allí. En ese instante los zombis y esqueletos que quedaban en pie dejaron su objetivo para girarse rápidamente hacia la amenaza de Cura, y sus lentos pasos los llevaron en dirección al valle, a la piedra. Fuimos a defender a Cura, que clavó el cayado en la piedra que supuraba sangre. No pudimos detener a un zombi, que interrumpió momentaneamente el ritual al atacar a Cura. Por suerte, actuamos raudos y el zombi no volvió a molestar a Cura, aunque el ritual ya había sido interrumpido y Cura estaba exhausto. Por suerte, en poco tiempo el aire comenzó a desviciarse y la sangre comenzó a tornarse de un color más natural, hasta secarse. El ritual concluyó, y Cura estaba más demacrado de lo normal.
Volvimos al circulo, a avisar a los druidas de nuestro éxito. Nos quedamos allí velando por la seguridad de la ceremonia. Las chicas cazaron alguna presa pequeña y cenamos. El ritual concluyó con éxito y el circulo se cerró con más seguridad todavía. Al parecer, todo había concluído, aunque seguía sin saberse el culpable de que Conagin quedara libre.
Por la noche las pesadillas me persiguieron una vez más. Les comenté mi mal al grupo y quedamos en hacer algo pronto. Al amanecer volvimos a Hyckorydale. Una vez allí visité a Kolm y le comenté mis pesadillas, junto con una breve versión de lo que pasó aquel fatídico dia en Doncastle. Estaba al tanto de la historia del hechicero de Doncastle, y de hecho me dijo que ambos tuvieron un sepulcro digno. Prometió investigar cómo hacer desaparecer esas pesadillas.
Celebramos la entrada del nuevo año, Sammhein, una festividad más bién introspectiva, dónde se realizan varios rituales relacionados con la suerte y los designios venideros y con dejar atrás lo que no nos haya gustado del año vivido. En el nuevo año se pide a la Madre Tierra que nos llene de gozo y que nos separe de la inmundicia.