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Archive for 25 junio 2009

Doncastle – IV

Parte I

Parte II

Parte III

La situación se había puesto bastante fea, no podíamos volver a la cabaña de Anoyt, con Thard en tan mal estado. Decidimos ir a la casa del jardín a pasar la noche, pero primero Torc y Aerten se fueron a llevar a las bestias a la posada, para despistar a los nocturnos grimlocks, y de paso quitaron el olor de sus cuerpos. El elnano, Gwyneth y yo llevamos en una manta a Thard a la casa. La casa era lujosa y se mantenía en muy buen estado, como he indicado antes, tenía forma de L y cerca suyo había un pequeño estanque, con una mancha seca de sangre cerca. Dentro, la casa se dividía en tres salas: una por cada lado de la L y otra en la esquina de la L. En uno de los laterales había un comendor, con una mesa y platos encima de ellas, unos cuantos sacos y una chimenea en la esquina. En la esquina había una habitación lujosa, con una cama muy buena, un armario y estaterías llenas de libros! Recogí agua del estanque para Thard, mientras Gwyneth investigaba un poco, y pusimos a Thard en la cama. La otra habitación parecía un laboratorio, con estanterias repletas de libros, una mesa y un cofre, pero unas plantas habitaban toda la sala, convirtiéndola en una jungla. Gwyneth entró por una de las ventanas, y el otro enano por la habitación. Cuando Gwyneth se adentró un poco, sintió que algo se movía y salió corriendo de allí, a lo que el enano cerró la puerta. Por mi parte yo revisaba libros en busca de algo interesante, y encontré uno de historia, que parecía contener linajes de reyes de las Moonshaes. Lo guardé.

Torc y Aerten regresaron a la casa. Torc se dispuso a tapiar las ventanas con el suelo de la casa, que estaba hecho de tablones de madera. Yo me fui a bañar al estanque junto a la casa, pero sucedió algo increible. Curioso por la mancha seca, investigué un poco el estanque, y pronto tuve una visión estremecedora de una dama rubia en el centro, que me miraba con ojos vacíos… no recuerdo que pasó después, yaque cuando me encontraron estaba en una de las orillas del estanque, inconsciente. Salí a rastras del estanque y me metí en la casa, asustado y conmovido. Intenté describir lo que pasó, pero los demás no vieron nada extraño en el estanque. Pasamos la noche en la casa. Me desperté varias veces sudando, habiéndo tenido horribles pesadillas. En una de ellas haparecía un hombre en el estanque, y de repente su cuello manaba sangre, de un corte que aparecía de la nada. En otra, la pareja estaba también en el estanque, pero esta vez era a la mujer a la que, de repente y sin motivo aparente, le aparecía una brecha en el corazón, dejando el agua de color carmesí.

Al día siguiente estaba cansado y ojeroso, y no paraba de pensar en la pareja del estanque. ¿Acaso querían dejarme un mensaje? ¿Acaso vagaban por la esfera terrenal sin poder abandonarla en paz? ¿En qué extrañas circunstancias había muerto esa pareja? Tenía pánico, pero también curiosidad. Les conté a mis compañeros mis sueños, y decidimos investigar un poco la casa. El armario tenía ropas para una pareja, y la imagen de la mujer volvió a mi mente. En la cama había un pequeño mecanismo que dejaba la pata hueca, y dentro había un fardo de monedas. No conseguimos encontrar nada, así que hubo un debate acerca de si debíamos quedarnos e investigar el laboratorio silvestre o irnos. Las chicas no tenían ningún interés en la historia, Torc y yo sí, y Thard nos ayudaría, pero tampoco era su prioridad quedarse. Después de una larga discusión, y para que nos calláramos Torc y yo, accedieron a aydarnos. El ballestero se plantó en una ventana; Gwyneth y yo en otra, más cercana al cofre; Torc se ató una cuerda a la cintura y el resto del grupo la cogía desde la habitación, por si tenían que tirar de él. Con una antorcha en la mano y la espada en la otra, fue avanzando a pequeños pasos, acercando la antorcha a las plantas, por si notaba movimiento. Al poco, una de las enredaderas se apartó del fuego y disparó sus zarcillos a Torc. La ballesta del enano disparaba, Gwyneth saltaba a la mesa del laboratorio desde la otra ventana, y los otros nos manteníamos espectantes. La planta era muy dura, y Torc conseguía a duras penas herirla. Por un instante, divisó  lo que podría ser el tronco del ser. Mientras la planta luchaba con Torc, Gwyneth fué a por el cofre, y en poco tiempo lo subió a la mesa, para luego arrastarlo hacía la ventana. Thard estaba dentro ayudando a Torc, que estaba en apuros. Salimos de allí, viéndo que la planta era demasiado dura para matarla. ¡Habíamos conseguido el cofre! Lástima que no pudiéramos abrirlo.

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Doncastle – III

Parte I

Parte II

Nos hallábamos ya todos en la superficie, a salvo de los innumerables grimlocks. Aerten dijo que la cabaña de su amiga Anoyt, una druida, se hallaba cerca del sitio dónde estábamos, así que fuimos para allá, con la esperanza de descansar, que Torc se recuperara de sus heridas, y hablar con los enanos.

Anoyt era una mujer austera, pero simpática, que nos acogió bién desde el principio (incluso a Torc, que siempre causa reticencias iniciales debido a su raza). Le pusimos al día de lo que había pasado en Doncastle, y pudimos hablar también con Thard, que nos contó que había sido enviado desde el subsuelo, junto con un grupo de enanos que habían perecido en el duro camino a la superficie, para encontrar a un enano que hacía varios años había salido a la superficie y no había vuelto. Al parecer su búsqueda iba a ser larga, pues no tenían ninguna pista de dónde podría estar ese enano.

Por otro lado, Anoyt preparó infusiones curativas para Torc, y el ambiente se volvió más distendido, ya que sacó hidromiel y nos la ofreció, a lo que Thard nos contó que era destilador y también traía consigo aguardiente enano. Pasamos un día entero en la cabaña. Anoyt se fué, pero nos dejó descansar. Durante el día, las chicas salieron a explorar la zona y hacer flechas, y entre conversaciones con Thard, se nos ocurrió ir a buscar miel para hacer hidromiel, ya que Anoyt se prestó a decirle la receta a Thard. Para ello, Aerten nos enseñó que con humo se puede espantar a las abejas para recoger su preciado tesoro. También nos bañamos en las aguas de un lago que había cerca de la casa de la druida, unas aguas reparadoras.

Decidimos volver a Doncastle para terminar de investigar. Vimos un molino semiderrumbado, con una trampilla bajo un pilar a punto de derrumbarse, inaccesible en principio. Pero somos tercos, y tiramos del pilar con una cuerda, provocando que se cayera. Después de apartarlo, pudimos tener acceso a la trampilla, pero no se podía abrir, ya que estaba encajada. La fuerza de Torc permitió adentrarnos en la trampilla, que resultó que no tenía nada interesante.

Investigando, vimos un cartel de la posada dónde tuvimos la pelea con los grimlocks, que descubrimos que se llamaba “El roble negro”. Para seguir investigando, nos separamos en dos grupos: Gwyneth y el enano ballestero por el oeste, y los demás por el norte. El grupo del oeste encuentra una capilla, que parece que fue saqueada ya por alguién. No supieron averiguar la deidad a la que estaba dedicada la capilla, y dentro no encontraron nada de interés, a excepción de una flauta, que Gwyneth me dió. En el norte encontramos unas empalizadas, y más adelante un jardín, con plantas exóticas que ni siquiera eran de esta isla, mezcladas con plantas autóctonas. En el jardín también había una casa en perfecto estado, muy grande y acogedora. Gwyneth nos llamó  con un silbido, y fuimos a encontrarnos con ella. Una vez el grupo junto, y ya de vuelta a la casa del jardín, volvimos a escuchar los alaridos del primer día que visitamos Doncastle. Esta vez estaban muy cerca nuestro y parece que eramos las presas de las bestias que emitían tan aterrador sonido.

Nos replegamos alrededor de una roca, esperando a las bestias, que estaban muy cerca ya para ir a la casa del jardin a combatir con ellas. Se acercaron dos, que frenaron su paso a una distancia prudencial del grupo, eran bestias felinas, de un extraño pelaje. Pero sin duda alguna, lo que las caracterizaba más era lo que se dispusieron a hacer en aquel momento… una de ellas profirió su grito, acompañándo el aterrador sonido con un literal desgarro de la carne de sus caras, que dejó al descubierto los músculos de ésta. Todo el grupo se quedó conmocionado ante tan macabro espectáculo, pero nos armamos de valor y mantuvimos nuestra posición, excepto el enano ballestero, que salió corriendo presa del pánico. Thard fue trás él, intentando que no se alejara demasiado del grupo. Mientrás, Torc cargó contra uno de ellos, y los demás disparamos nuestros arcos. Los felinos atacaban tanto con garras como con mordiscos, pero Torc aguantó bastante bien sus ataques, mientras usaba sus dos armas para dejar a la bestia muerta en poco tiempo. Yo dormí a la otra bestia, y el lobo de Aerten se abalanzó a la yugular e hizo el resto del trabajo. Pero parecía que Thard y su amigo estaban en peligro, ya que oimos sus gritos.

Fuimos para allí y nos encontramos con que Thard se había enajenado y corría gritando, con una criatura persiguiéndole, mientrás  el otro enano se defendía de otras dos. Torc fue a la ayuda del enano en apuros, con Gwyneth y Aerten, mientras yo disparaba a la que perseguía a Thard, para ver si lo dejaba tranquilo, pero ella siguió ensañándose con Thard, que estaba magullado por todas partes. Intenté dormirla, pero no tuve éxito, y Aerten me ayudó con su lobo, con tan mala suerte que un disparo suyo se clavó en mí. Thard estava a punto de morir, y Aerten y el lobo finalmente se encargaron del felino, mientras que los otros tres ya estaban apunto de matar a la única bestia que quedaba en su combate. Terminaron con ella, y yo fui a Thard, que estaba en el suelo inconsciente y sangrando por todos los sitios, y le tapé las heridas para que dejara de sangrar.

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Doncastle – II

Leer la primera parte de la aventura.

El combate fue corto: mientras Torc y yo intentábamos atrancar las dos puertas de acceso a la posada, Aerten y Gwyneth estaban en el piso superior, prestas con el arco. Las criaturas se dividieron y atacaron las dos puertas. Entretanto yo subí al piso de arriba y Torc se quedó en la escalera de acceso. Aerten tubo mala suerte, y asomándose demasiado a la ventana para disparar a los seres, que ya estaban intentando derrumbar la puerta, su arco se cayó encima de ellos, quedándose desarmada. Yo estaba en la otra ventana, en el lado en el que se encontraba también Gwyneth. Aerten acudió a nuestra posición y le pidió prestado a Gwyneth su arco, ya que la Llewyr podía defenderse igual (o mejor) con la espada. Intenté dormir a las criaturas, pero no surgió efecto. Las criaturas que estaban en el lado de Aerten consiguieron entrar en la casa, y Torc los recibió propinando golpes mortiferos, mientras Gwyneth no dudaba en saltar por donde se había caído el arco de Aerten para combatir a las bestias junto con Torc. Aerten y yo disparábamos, y en el piso de abajo Gwyneth fue brutal con las criaturas, al igual que Torc. La escaramuza terminó pronto, ya que los pocos que quedaban huyeron despavoridos.

Ya a salvo, decidimos que la posada ya no era segura, nuestro olor estaba impregnando la sala, junto con el de los seres muertos. Nos pusimos barro en el cuerpo, y algunos sangre de las propias criaturas, para esconder nuestro olor corporal, y decidimos pasar la noche en la herrería. Una vez allí divisamos patrullas enteras de esos extraños seres, cuyo nombre supimos luego que era Grimlocks. No podíamos salir de la herrería si queríamos seguir con vida, así que rezamos para que no nos olieran ni supieran de nuestra presencia. Y así fué. Después de una muy mala noche, llegó el día, y las criaturas volvieron a su guarida, a la cual entraban por una casa de la ciudad. Decidimos investigarla y, efectivamente, había una trampilla que bajaba al subsuelo.

Trás una breve discusión acerca de si debíamos marcharnos o quedarnos, nos enajenamos y decidimos entrar a investigar la cueva. Abajo había tuneles y más tuneles, escarbados, serpenteantes, los cuales se bifurcaban muchas veces en más tuneles. Un sonido nos hizo ir hacía una dirección, pero cuando estábamos cerca de dónde procedía, otro sonido detrás nuestro nos alertó de que no estabamos solos ahí abajo. Corrimos hacía alante y al poco vimos unas sombras que se ocultaban de nosotros, en una sala cavernosa un poco más ancha, con dos tuneles laterales pero sin otra salida que la propia por la que veníamos. Resultó que los seres eran dos enanos, pero no parecían amigables al vernos, sinó que estaban reticentes a dejarnos avanzar. Los sonidos eran cada vez más altos y cercanos, así que Gwyneth hizo un acopio de su valentía y les hizo comprender que nosotros estábamos en su mismo bando. Uno de ellos, que parecía seguir las instrucciones del otro, y no hablaba la lengua común, estaba muy herido, así que curé sus heridas con el nuevo conjuro que había aprendido. Todo parecía perdido, ante una avalancha tal de grimlocks, pero los enanos nos dijeron que eran criaturas poco valientes, y que si conseguíamos parar esa avalancha, huirían y nos dejarían tiempo suficiente para volver a la superficie, a salvo de ellos.

Mi curiosidad hizo abrir un cofre que se encontraba en la pared del fondo, mediante un truco de magia. Además, no había espacio logístico para tantos contendientes allí abajo. Encontré unos guantes de cuero, uno de los cuales le pasé a Aerten, iluminado con luz mágica, para que pudiera ver en el tunel. Torc estaba en cabeza de la avanzadilla, y sus golpes dejaban moribundos a los grimlocks, mientras que el enano Thard remataba de un golpe las criaturas, mostrando su fuerza y valor en el combate. El otro enano portaba una ballesta y la usaba siempre que las circunstáncias se lo permitían. Torc, Thard y Gwyneth se dedicaban a masacrar criaturas, pero Torc y Gwyneth también probaron el acero de sus armas rudimentarias, y ambos terminaron muy malheridos, siendo Gwyneth la que peor estaba, así que decidí curarla.

Conseguimos que las criaturas restantes huyeran, y corrimos rápido siguiendo a Thard por los túneles hasta la salida por la que habíamos entrado, que resultó estaba llena de grimlocks. Torc lanzó la cabeza de lo que creía era su lider derrotado, ya que portaba pieles de una extraña criatura y era más feroz que los otros. Ellos se quedaron atónitos un instante, pero su superioridad les hizo perseguirnos de nuevo. Volvimos a correr trás Thard, que decía que había una salida cercana. Llegamos a una caverna espaciosa por la que teníamos que trepar para poder continuar. Torc subió primero, de una forma increíblemente ágil, y se ató una cuerda a la cintura para facilitar la escalada de los demás. Fuimos subiendo poco a poco, hasta que abajo sólo quedó Aerten y el enano de la ballesta. Tres grimlocks más estaban ya en la sala, y Aerten comenzó a escalar mientras uno de ellos le mordía la pierna. Aerten se lo quitó de encima propinándole una patada y continuó escalando.

Una vez arriba, continuamos corriendo por un tunel, hasta llegar al final de este, por el que entraban resquicios de rayos de sol desde el techo. Tocaba otra vez escalar. Pero los grimlocks no nos dejaban en paz, y cuando Gwyneth, Thard y yo habíamos subido atacaron desesperados a los que quedaban abajo. Torc aguantó el ataque, pero un grimlock consiguió dejarlo extremadamente herido. Aerten y los enanos, y Gwynteh, que bajó de nuevo a ayudar, mataron a los grimlocks, mientras yo ataba una cuerda a un arbol para poder subir luego a Torc, que casí no podía moverse. (NdA: aquí se produjo una divertida escena, ya que le dije a Gwyneth que subieran todos los conscientes, dejando únicamente a Torc abajo, y ella dijo: “Si, hombre, para que los grimlocks le hagan una piñata ¿no? Y todos nos imaginamos a Torc atado y siendo subido por la cuerda mientras los ciegos grimlocks le propinaban golpes al grito de ‘Piñataaaa!!’).

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Doncastle – I

Aun faltaban algunos dias para el ritual de Conagin, y Torc lucía su nueva armadura de cuero. Hablando en la posada con él, creímos conveniente visitar las rinas de Doncastle, a no más de dos días a pie desde Hyckorydale. No existían motivos de peso para ir, pero el ritual era demasiado importante como para que saliera mal. Mi cabeza no dejaba de pensar que había un ente malvado intentando entrar en nuestra esfera, y a poca distancia de nuestro pueblo se hallaba un lugar desierto, una ciudad ya abandonada por el tiempo, con resquicios de la batalla que tubo lugar allí… era demasiado arriesgado dejar un lugar tan despoblado sin visitar; sobretodo teniendo en cuenta la reciente visita de los salvajes del norte y de los animales infectados por el oso ponzoñoso de XX. Era muy probable que esos hechos fueran aislados y no tuvieran nada que ver con Conagin, pero no quería arriesgarme. Es cierto que mi curiosidad por todo lo relacionado con la historia me persuadió también para ir. No negaré que pensaba en escribir alguna canción de aquel lugar, para que no quedara del todo en el olvido. No negaré que la historia viva me llamaba.

Gwyneth y Aerten también vinieron, gracias a La Madre, ya que sin ellas no sé si seguiría escribiendo estas líneas. Decidimos salir al amanecer, cosa que a Torc no le pareció del todo bien, ya que quería ‘saborear’ en la taberna el haber conseguido su armadura. Fuimos por el camino que bordea el río, y el viaje transcurrió sin ningún incidente.

El camino que llevaba a Doncastle estaba igual de abandonado que la propia ciudad, lleno de maleza y dificil de transitar. Cerca de nuestro destino oímos un aullido, por describirlo de alguna manera. No supimos siquiera si era humano o animal, si era de socorro o de advertencia. Alarmados, fuimos con cautela lo que quedaba de camino, pero nada ocurrió hasta llegar a Doncastle.

Se dice de Doncastle que XX, exiliado, instaló allí la ciudad, junto con unos cuantos que le siguieron…. La historia no la recuerdo bien, tengo que preguntarsela de nuevo a Alex.

Las casas estaban semiderruidas. Algunas, como oí, estaban en lo alto de los arboles, pero también había construcciones en el suelo; incluso algunas de piedra, que eran las que mejor habían sobrevivido al paso del tiempo. La ciudad era grande, y había varios nucleos, separados entre ellos por el rio XX. Tambíen había algunas construcciones hechas en la propia montaña, al fondo de la ciudad.

Comenzamos la búsqueda por donde llegamos, pero no vimos nada de interés. Un puente viejo separaba nuestro islote de otro, en el que se divisaba una construcción hecha de piedra y, al pareccer, en bastante buen estado. Cruzamos el puente con demasiada cautela, atados con cuerda y todo, aunque luego nos dimos cuenta de que seguramente no hubiera hecho falta. La construcción resultó ser una herrería, pero nada importante había excepto signos inequivocos de batalla. Yo intenté describir lo que había sucedido allí, con entusiasmo y un poco exageradamente, para calmar los nervios del grupo. XX vió un saco con unas cuantas monedas antiguas en ua viga de la herrería.

Continuamos la búsqueda y llegamos a otra construcción de piedra, que era la posada de la ciudad, un sitio amplio y con una segunda planta con habitaciones para los huespedes. Ya estaba anocheciendo, así que decidimos pasar la noche allí. Una revisión de la posada hizo encontrar a Torc algo fantástico, grandioso: un bello anillo, que enseguida acaparó mi atención. Una observación me hizo comprender lo valioso que era aquel anillo y, lo más increible, que tenía poderes mágicos: pude saber que otorgaba algún tipo de defensa al que lo portaba, pero poco más. Discutimos por ver donde era mejor dormir: si arriba en las camas sin salida, o abajo (el problema de la planta baja eran las excesivas ventanas de la posada). La discusión se vió interrumpida porqué Aerten, que había salido un momento, vino apresurada a contarnos que se acercaban unas misteriosas criaturas. Desde arriba divisamos una pandilla de seres humanoides, ágiles y de extraños movimientos. Cuando estuvieron cerca vimos que no tenían ojos, y que se movían por algún extraño instinto. Iban armados, y parece que nuestro olor les atraía.

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