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Doncastle – I

Aun faltaban algunos dias para el ritual de Conagin, y Torc lucía su nueva armadura de cuero. Hablando en la posada con él, creímos conveniente visitar las rinas de Doncastle, a no más de dos días a pie desde Hyckorydale. No existían motivos de peso para ir, pero el ritual era demasiado importante como para que saliera mal. Mi cabeza no dejaba de pensar que había un ente malvado intentando entrar en nuestra esfera, y a poca distancia de nuestro pueblo se hallaba un lugar desierto, una ciudad ya abandonada por el tiempo, con resquicios de la batalla que tubo lugar allí… era demasiado arriesgado dejar un lugar tan despoblado sin visitar; sobretodo teniendo en cuenta la reciente visita de los salvajes del norte y de los animales infectados por el oso ponzoñoso de XX. Era muy probable que esos hechos fueran aislados y no tuvieran nada que ver con Conagin, pero no quería arriesgarme. Es cierto que mi curiosidad por todo lo relacionado con la historia me persuadió también para ir. No negaré que pensaba en escribir alguna canción de aquel lugar, para que no quedara del todo en el olvido. No negaré que la historia viva me llamaba.

Gwyneth y Aerten también vinieron, gracias a La Madre, ya que sin ellas no sé si seguiría escribiendo estas líneas. Decidimos salir al amanecer, cosa que a Torc no le pareció del todo bien, ya que quería ‘saborear’ en la taberna el haber conseguido su armadura. Fuimos por el camino que bordea el río, y el viaje transcurrió sin ningún incidente.

El camino que llevaba a Doncastle estaba igual de abandonado que la propia ciudad, lleno de maleza y dificil de transitar. Cerca de nuestro destino oímos un aullido, por describirlo de alguna manera. No supimos siquiera si era humano o animal, si era de socorro o de advertencia. Alarmados, fuimos con cautela lo que quedaba de camino, pero nada ocurrió hasta llegar a Doncastle.

Se dice de Doncastle que XX, exiliado, instaló allí la ciudad, junto con unos cuantos que le siguieron…. La historia no la recuerdo bien, tengo que preguntarsela de nuevo a Alex.

Las casas estaban semiderruidas. Algunas, como oí, estaban en lo alto de los arboles, pero también había construcciones en el suelo; incluso algunas de piedra, que eran las que mejor habían sobrevivido al paso del tiempo. La ciudad era grande, y había varios nucleos, separados entre ellos por el rio XX. Tambíen había algunas construcciones hechas en la propia montaña, al fondo de la ciudad.

Comenzamos la búsqueda por donde llegamos, pero no vimos nada de interés. Un puente viejo separaba nuestro islote de otro, en el que se divisaba una construcción hecha de piedra y, al pareccer, en bastante buen estado. Cruzamos el puente con demasiada cautela, atados con cuerda y todo, aunque luego nos dimos cuenta de que seguramente no hubiera hecho falta. La construcción resultó ser una herrería, pero nada importante había excepto signos inequivocos de batalla. Yo intenté describir lo que había sucedido allí, con entusiasmo y un poco exageradamente, para calmar los nervios del grupo. XX vió un saco con unas cuantas monedas antiguas en ua viga de la herrería.

Continuamos la búsqueda y llegamos a otra construcción de piedra, que era la posada de la ciudad, un sitio amplio y con una segunda planta con habitaciones para los huespedes. Ya estaba anocheciendo, así que decidimos pasar la noche allí. Una revisión de la posada hizo encontrar a Torc algo fantástico, grandioso: un bello anillo, que enseguida acaparó mi atención. Una observación me hizo comprender lo valioso que era aquel anillo y, lo más increible, que tenía poderes mágicos: pude saber que otorgaba algún tipo de defensa al que lo portaba, pero poco más. Discutimos por ver donde era mejor dormir: si arriba en las camas sin salida, o abajo (el problema de la planta baja eran las excesivas ventanas de la posada). La discusión se vió interrumpida porqué Aerten, que había salido un momento, vino apresurada a contarnos que se acercaban unas misteriosas criaturas. Desde arriba divisamos una pandilla de seres humanoides, ágiles y de extraños movimientos. Cuando estuvieron cerca vimos que no tenían ojos, y que se movían por algún extraño instinto. Iban armados, y parece que nuestro olor les atraía.

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Este blog estará dedicado a una partida de rol ambientada en las Moonshaes.